ENCUENTRO DE CULTURAS


De distintos lugares surgieron manifestantes de indudable aspecto aborigen. Las vinchas, los ponchos identificaban a los grupos claramente como mapuches. Los kultrunes y cajas resonaban, para ponerle mas fuerza a la queja. Y un condimento inesperado para un buen observador: muchos de ellos vestían ropa informal u ocasional como la de la marca Benetton.
Con pancartas y carteles que cuestionaban distintos aspectos del emprendimiento o señalando su potestad sobre la tierra, se reunieron y eligieron el momento en que estaban todos los periodistas invitados presentes para expresar su reclamo.
La reivindicación se apoyaba en argumentos referidos a una “pertenencia originaria de la tierra” y a un otorgamiento precario del Estado, de posesión de 18 lotes a la comunidad mapuche en Vuelta del Río; que habían quedado encajonados dentro del terreno adquirido por la empresa italiana.
Se preocuparon los manifestantes de decirle a los presentes “que vayan a las comunidades para ver cultura nativa, no a un museo” o “nuestra historia, nuestra vida, está en todo este lugar y latiendo”.
Hubo un enfrentamiento verbal entre la “huerquen” Moira Millán, que lideraba la manifestación, y Josefina Braun la representante de la empresa Benetton.
Fue una esgrima sin sutilezas
Moira habló de la lucha constante por sus derechos “desde que llegaron los españoles”, y señaló una “usurpación”. Josefina planteó que no se debía hablar de usurpación, ya que la compra había sido hecha con todos los requerimientos legales.
Moira cuestionó el hecho que la compra fue hecha “con gente y todo”. Y pidió que los ayuden devolviéndoles la tierra. Josefina dijo que “sí les ayudaban” como correspondía: “dándoles trabajo”. A pesar que Moira reconoció que les daban trabajo señaló que el pago por el trabajo “no era bueno”.
La representante de Benetton invitó al grupo a pasar a conocer el museo que se inauguraba y señaló que había muchos criollos y también “muchos de sus hermanos” adentro.
Pero el grupo liderado por Moira decidió retirarse. Se manifestaron fastidiados por la falta de justicia y no hicieron un juicio crítico al museo en sí. Parecían apelar más a cuestionar las decisiones de Gobierno que a la empresa. Estaba presente el Gobernador de Chubut José Luis Lizurume.
Josefina Braun los invitó nuevamente a pasar y a dialogar sobre lo que pensaban. Pero era evidente que, por lo menos en esta oportunidad, ello no iba a ser posible.
El Museo de las Ciencias del Hombre Patagónico y su Medio el 12 de mayo del 2000 fue presentado en sociedad. Contiene unas quince mil piezas e intenta expresar una historia desde hace 13.000 años hasta 1940, con elementos descubiertos de los habitantes originarios; con documentos, herramientas que describen características culturales e influencias recíprocas y diversas, que se dieron con la presencia del blanco en la región.
Buscando ser abarcativo el museo propone, con su gran muestra, también una visión referida a la convivencia de la religiosidad de indígenas y cristianos y las luchas de poder, en las que intervenían inmigrantes de otros puntos del planeta, con sus propios intereses.
La consolidación de la vida ferroviaria y la diversidad de hábitos y costumbres de extranjeros, fueron dándole una fisonomía particular a la gran Región que El Museo Leleque llama “País del Viento”.
El “Boliche”, el ir y venir de “La Trochita” o la informalidad del servicio gastronómico hace que el paseo por la historia y prehistoria de la Patagonia sea atractivo; lleno de incontables matices.


Pablo Korchenewsk

Pablo Korchenewski, es de origen ucraniano. Actualmente está radicado en Puerto Madryn, en la provincia de Chubut. Llegó a la Argentina en 1948.
Viajero infatigable, hizo su propio camino de descubrimiento en la inmensidad de su nueva tierra.
Capturó muchos aspectos de la esencia de ese territorio que lo obsesionó y deslumbró siempre.
Durante décadas acumuló objetos, documentos, herramientas y datos de todo tipo, de sus hallazgos.
En algún momento evaluó que contaba con un inmenso capital, de valor histórico y antropológico, y que lo excedía.
“Tenía mas de 14.000 piezas en mi haber y consciente de que mi tiempo de vida no era para siempre se me ocurrió escribirle a Carlo Benetton”, dice Pablo.
Los Benetton ya habían comprado tierras en la zona.
Don Pablo, un conocedor de las técnicas del arte lítico, le propuso a Carlo la creación de un museo. Se trataba de clasificar y ordenar, para después exponer públicamente, todo ese gran patrimonio cultural en un ámbito apropiado.
Su deseo se hizo realidad en Mayo del año 2.000.
El marco natural que envuelve al Museo Leleque es formidable…

Copacho

Copacho, quizás el último de los tehuelches meridionales de Santa Cruz, se ha convertido en la imagen universal del Museo Leleque.
En él puede simbolizarse una concepción del mundo de los pueblos originarios, con ceremonias y rituales, que planteaban siempre una interacción profunda con la Naturaleza.
Por muchos siglos fueron los amos de ese medio ambiente rústico, de espacios desmesurados, que hoy parece tan hostil al viajero.
Lo trascendente de la Patagonia es esa atmósfera que significa siempre un desafío.
Lo sagrado parece estar en todas partes.

 

 




En el decir de Don Carlo Benetton la Patagonia representa para él : “ un lugar encantado, en los confines del mundo. Una mágica sucesión de espacios inconmensurables, mesetas, montes, lagos azules, ríos, glaciares y desiertos de arbustos achaparrados donde me sentí como en casa desde mi primer viaje.
Dos años de correspondencia y tanta perseverancia terminaron por convencerme: en noviembre de 1996 fui a Puerto Madryn para conocer a Pablo. En la quietud absoluta de su casa cargada de historia, le pregunté por qué era precisamente yo el elegido. Me respondió: “Se lo doy a usted porque la suya es una familia seria. Si me dice que va a construir un museo, yo le creeré”. Entonces me dí cuenta de que el proyecto iba a hacerse realidad, porque entre nosotros había un vínculo, invisible pero poderoso, que nacía de la pasión compartida por la Patagonia y su historia, que también era la historia de sus habitantes a lo largo del tiempo. Esa historia en la cual cada uno de nosotros, con sus propias elecciones, construye su identidad.
En la casa de Pablo vi hallazgos muy antiguos y misteriosos. Intuí que representaban un mundo fascinante y en gran medida desconocido, un tesoro histórico que debía ser explorado, con el mismo amor con que exploró esta tierra que está en el confín del mundo, donde la poderosa violencia del viento todavía se encuentra intacta y se pueden contar las estrellas.....Desde el principio decidimos que tenía que ser un museo vivo y dinámico, y no una simple y polvorienta acumulación de piezas, como hay tantas en el mundo. ....Queríamos que nuestro museo, llegara a convertirse para los visitantes en un lugar de encuentro en el corazón de la Patagonia, de la misma manera que esta tierra fuera, durante siglos, lugar de encuentros y desencuentros, intercambio e interacción de diversos pueblos. Actualmente las salas del Museo Leleque cobijan 13.000 años de historia de las poblaciones de la Patagonia, incluyendo testimonios de la existencia cotidiana de inmigrantes de todos los orígenes: galeses, vascos, españoles, libaneses, norteamericanos, ingleses, italianos. Porque para conocer y comprender la historia de la Patagonia, y de la Argentina toda, es necesario pensar en un contexto variado y cosmopolita. Varias historias que forman una sola historia, muchas razas para una sola raza: la humanidad. ”