Egon Rost pintó su aldea



Sencillo y muy sociable Egon llevó adelante un permanente ir y venir por el pueblo que amaba. Se dedicó a rescatar las formas y los colores “de las cuatro estaciones”.
Podía tratarse de un paisaje de los alrededores, de un edificio céntrico o de una casa antigua de San Carlos de Bariloche. Sin preparativos especiales montaba su caballete y se armaba de pinceles y pinturas; intercambiando saludos o comentarios ocasionales con los vecinos que ya lo conocían como “el pintor”.
No evaluaba los aspectos intelectuales de su apasionada tarea, simplemente trataba de tomar “esa imagen”.
La actividad plástica se fue transformando en lo central de su vida. Trabajo y compromiso vital; durante mucho tiempo participó en las acciones institucionales de grupos de artistas plásticos, en diversos roles.
Lo recordamos especialmente por sus acuarelas, técnica en la que se convirtió en un maestro. Pero también realizó muchas obras al óleo y una serie muy interesante de dibujos de casas antiguas.

Por su espontánea relación con la gente se convirtió en un artista popular. Y quizás lo sea aún más en el futuro, ya que su gran producción diseminada en todos lados - y muchas veces utilizada por publicaciones para ilustrar temas locales- expresan al pueblo San Carlos en el momento en que se convertía en la ciudad de Bariloche.
Allí hay un formidable material para aquellos que busquen perfiles de la mítica Aldea de Montaña, que ya no está.




Egon Rost

Egon Rost. Año 1979.