La historia asegura que Rembrandt Harmenszoon
van Rijn fue quien mejor anticipó el modernismo en
el arte y con su vasta obra capturó la esencia de su
época.
Es sinónimo de artista y pintor. Para estudiosos o
apasionados del arte fue el gran maestro del claroscuro.
Es un hecho histórico. En la ciudad de Neuquén
se exponen este verano durante casi dos meses 83 de sus grabados
y 20 obras de otros grandes creadores, como Goya y Picasso.
Los dos artistas españoles nutrieron a su obra de las
refinadas técnicas de aguafuerte del maestro holandés.
La entrada a la muestra es gratuita, para turistas y residentes.
Y la sede patagónica del Museo Nacional de Bellas Artes
recibe público como nunca antes.
Las visitas son guiadas por gente capacitada en el tema, y
se llevan a cabo charlas vinculadas al contexto histórico
y social donde desarrolló su obra el gran artista.
La onda expansiva del acontecimiento repercutirá por
mucho tiempo, en la comunidad artística de la zona.
Probablemente será la exposición más
importante del año, en el país.
El acto inaugural de la muestra se transformó en un
hecho medial; como lo exigen las reglas del mercado.
Se justifica ya que la iniciativa tuvo importantes y comprometidos
actores institucionales.
La Secretaría de Cultura y Turismo del Municipio de
Neuquén, la Embajada de Holanda, El Museo Nacional
de Bellas Artes y empresas holandesas y argentinas, trabajaron
coordinadamente.
Todo fue resuelto en momentos poco propicios para grandes
emprendimientos, por la inestabilidad económica y política
de Argentina.
El convenio entre el Museo Rembrandt de Holanda y el Museo
Nacional de Bellas Artes de Argentina hizo posible la muestra
de la obra desde el 10 de enero hasta el 5 de marzo de 2003,
en la capital neuquina.
El itinerario de la gran colección que hizo escala
en la Patagonia, comenzó en Buenos Aires, siguió
en Río de Janeiro y después se trasladó
a Montevideo.
La próxima estación será Sao Paulo, antes
de la vuelta a su morada original, en Holanda.
Para no cegarnos con el hecho social tan notorio, deberíamos
analizar el significado de la presencia del maestro internacional,
símbolo de su época, en la región.
Consumimos e incorporamos a nuestra vivencia teoría
y prácticas de arte europeo de todas las épocas.
Hemos sido formados en ese universo desde que tenemos uso
de razón y podemos darnos el lujo de consumir un mito.
Reflexionando fríamente: nuestro paladar degusta un
gran manjar, pero con aromas, sabores y texturas que nos son
ajenos.
Sujetos a las reglas de mercado es bueno que Patagonia, ese
continente de leyenda y misterio y sinónimo de Naturaleza
en estado puro, cobije y exponga un tesoro de la humanidad.
Pero a no confundirse: la muestra es solo una manifestación
artística importante y de ella no emana una trasformación
cultural por inercia.
Ambientes costumbristas, imágenes de la vida diaria
de Amsterdam del siglo XVII, personajes de época, escenas
bíblicas y de caza, alegorías, retratos y sus
muy reiterados autorretratos; bien ordenados en un recorrido
temático, técnico y cronológico evidencian
una conjunto de gran magnitud y calidad plástica.
El acceso a la obra del artista que expresó todo el
espectro del alma humana es una experiencia memorable, y sobre
todo muy publicitada.
Pero no existe un vínculo visible de los “grandes
temas del hombre”, que capturó en su época
Rembrandt, con la cultura patagónica.
La exposición se ha convertido en un gran espectáculo
exhibiendo un producto europeo de museo.
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La
fuerza excepcional del dibujo y la pintura de Rembrandt sigue
viva hoy.
En sus autorretratos su mente, su mirada parece concentrar toda
la energía sobre la imagen, que emerge dramáticamente
desde las sombras.
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El
trabajo de Jorge Glusberg acercó a Patagonia
la obra del artista que descubrió mejor que nadie el íntimo
y eterno rostro del hombre, apasionante en su profundidad.
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El
virtuosismo de Rembrandt Van Rijn lo hizo universal en su individualidad.
Observó al hombre de su época en profundidad.
Investigó sin artificios su grandeza y su miseria. Y lo
hizo trascendente en el encuentro violento de la sombra y la luz.
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Rol del Artista hoy; según el ilustre
visitante.
Esto
es lo central de una entrevista a Rembrandt, en su visita a la Patagonia.
-¿Qué es lo sustancial de su obra?
- El trabajo cotidiano en la vida cotidiana. Hemos estado presos de
los modelos impregnados de retórica y me propongo no dejarme
exaltar por los mitos, sean paganos o cristianos.
- ¿Es muy religioso?
- No. Pero las instituciones nuevas surgidas o que se observa comienzan
a surgir por la presencia del protestantismo nos marcan nuevos ideales
espirituales.
Me interesa la realidad día a día. Entiendo que creando
con intensidad defendemos el nuevo país. Eso es algo que nos
urge a los artistas de hoy.
-¿Tiene una rutina?
- Recorro el ambiente natural de la vida diaria y del trabajo. Dibujo
mucho a personas con las que me cruzo todo el tiempo.
En cuanto al paisaje intento interpretar una realidad que va surgiendo
en cada trazo.
- Pero pareciera que enfatiza su trabajo en interiores; por el juego
de luz y sombra.
- En los interiores lo que me sirve es dibujar y pintar episodios
de cada momento. Creo que toda la vida está allí. Mi
pretensión es algún día estar conforme por lograr
con alto y cálido lenguaje, el rostro del nuevo hombre, sin
ninguna decoración.
- Algo así como el hombre ligado a su momento histórico…
- La íntima vida cotidiana es infinitamente diversa, pero hay
una sola esencia. Siempre ha sido así.
- ¿Se refiere a una relectura de las raíces culturales
propias?
- No está nada mal decirlo en esos términos. Sencillamente
volviendo a lo de siempre, centrando el trabajo en una elaboración
autónoma y buscando unidad de valores en la obra.
-
¿Y cómo debería trabajar un artista hoy?
- El artista debe actuar por sí. Reinventar su personalidad,
totalmente, si no logra los resultados anhelados con las prácticas
habituales.
- ¿Y con que materiales es aconsejable esa tarea?
- Tiene que proponerse y llevar adelante una completa indagación
en la pintura y el dibujo, desde su sensibilidad. Un contacto pleno
con las herramientas y sustancias.
- ¿Cuánto tiempo de taller?
- Todo el posible. Espero que se esfuerce cotidianamente para contar
con un dominio formal completo, que le permita resolver los detalles
que cada tema sugiere, al ser trasladado a la obra.
-¿Cómo evaluaría los progresos?
- Mas que evaluar mi deseo es que las tonalidades en su paleta sean
cálidas y suaves.
Que sepa modular la luz sin estridencias, sobre las imágenes.
- Hasta aquí nos referimos a la formación…
- Bien. El objetivo siempre es que los medios de expresión
de su obra lleven al espectador al estremecimiento o a la serenidad.
Tiene que expresar modos de vida y pensamiento, con síntesis
inolvidables.
- Se dice que hay pesimismo en el arte de hoy y que los ideales están
en segundo plano.
- Si es auténtico la pasión por el ideal humanista estará
siempre presente en sus trabajos, a pesar de su desencanto por el
fracaso del hombre; preso entre luchas de poder o ambiciones desmedidas.
- Bueno. Creo que su experiencia puede servirnos para saber como superar
el, digamos, tedio. Ahora que hay experimentos de todo tipo planteados
como artísticos.
- La amalgama final debe liberar a su arte de lo mimético,
que hoy ha invadido todas las manifestaciones artísticas. Creo
que la intensidad del color, la disposición lumínica,
el trabajo en claroscuro como norma permite lograr muy buenos resultados.
Sin decorativismo, ni celebraciones místicas, solo con fervor
creciente, lograr consistencia en imágenes de personas que
comparten todos nuestros momentos.
-¿La obra debe ser modesta entonces?
- Esa vida cotidiana apasionante, de la que he hablado, debe ser trascendente
en un trazo simple. Investigando formas y colores se puede transfigurar
la más cruda realidad en materia poética sencilla, narrando
contenidos profundamente humanos.
-¿Y
cómo resuelve usted sus creaciones, que multiplica después
con el grabado?
- Centro mi energía para que los hechos presentes, evidenciados
en la obra, estén cargados de pasado. De manera que cada nuevo
dibujo surja de toda mi experiencia de vida.
-¿Y en esos trabajos con muchas personas que busca conseguir?
- Quiero que exprese una fuerza fascinadora en la simplicidad de un
ambiente, con espontaneidad y familiaridad. en las expresiones de
atención de la gente. Gestos vitales, plena acción;
así se trate de actitudes pausadas o de ansiedad.
-
¿Y los retratos, o esos autorretratos tan conocidos y mostrados?
- Allí el trabajo puede ser titánico ya que solo me
conformo si la presencia física de una persona retratada compite,
en la imagen, con la fuerza de su espíritu.
- Antes de comenzarlos ¿se hace alguna idea de la imagen final?
- Imagino el retrato de un hombre sujeto por la sombra, realzado por
la luz para mostrar su drama o sus pasiones… O íntimo,
acariciado por la luz con extrema delicadeza; con las sombras anulando
la densidad de los rojos y la insistente pesadez del color.
Pienso en una alquimia única e irrepetible.
- Por último y ubicándose en el lugar de espectador
¿Qué sueña o desea encontrar en el arte?
- Quiero encontrarme con un cuadro no muy grande pero imaginado para
una gran pared vacía; con cuidada iluminación, para
ver en soledad.
Esto
es lo más significativo que pudo decirnos Rembrandt, en su
escala patagónica.
Mendigo Lisiado |
El cerdo |
Autorretrato, con su mujer Saskia |
El mundo de Rembrandt se caracteriza por la simplicidad de sus soluciones
ambientales.
Reconocemos gestos familiares y diálogo plástico en todas
sus imágenes.
Su universo es sencillo, suave, sosegado; en el que la luz evoca las
formas con calidez, sin ningún ímpetu retórico.
Su obra es un espejo en el que cada artista plástico debiera
mirarse hoy.
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