El
legado de Maes
Cada
comunidad va generando su propia fisonomía y hay personas
que viven
intensamente e impregnan el futuro con su acción.
Toon Maes fue uno de ellos. Dedicó incontables horas de
su vida a transmitir
una convicción: "Un buen cuadro es religioso, nos
comunica con el cosmos y
con el espíritu supremo" era su sencillo argumento,
que sonaba místico en su
pausado acento flamenco.
La carga cultural que traía sobre sus espaldas lo impulsaba
a pintar todo el
tiempo, y a rodearse de personas que buscaban aprender y conocer.
El caballete, los pinceles, el intento de crear; los largos diálogos
del
maestro con quienes intentaban convertirse en discípulos
en el Taller
Municipal de Artes Visuales; se prolongaban en reuniones en su
casa, en
salones. Toda una vida social que generó un panorama nuevo
en la perspectiva
artística de la pujante ciudad de San Carlos de Bariloche
entre los años 1970
a 1986.
Pero el tiempo transcurrió y la sombra del pintor se sostiene
en una alta
valoración entre los que fueron alumnos y amigos; que reconocen
su sabiduría
y su visión.
Además
su obra se ha convertido en activo muy valioso para Bariloche
La ordenanza nº 155-C-87 considera a la donación de
30 óleos de su obra
como "significativa" y lo califica como "artista
barilochense".
En su artículo 2º expresa - "Acéptase:
la donación de treinta (30) óleos del
Artista Barilochense recientemente fallecido Antonio Gustavo (Toon)
Maes, que
integrarán el Patrimonio del Museo Municipal de Arte."
No
hay duda que ese conjunto es una columna basal del Museo Municipal
de Arte
que, esperamos, se ponga en marcha cuanto antes.
Hay un antes y después de Maes en la memoria y la producción
artística local.
El lugar apropiado, que puede permitir recrear el ambiente y la
calidez que
dio vida a la obra, es el espacio planteado originalmente para
el Museo; el
1º piso del ex-edificio de Correos ocupado hoy por el Concejo
Municipal.
Los otros contenidos sobre los que deberá enfatizar el
Museo de Arte local,
son otra conversación.
Por
Juan Vargas
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Un
Pintor en la ciudad vaca.
"Aquí vendo un cuadro tal vez en veinte años",
se lamenta Maes en 1974. Exageración, por supuesto.
Pero a Bariloche le reclama algo.
Cuántas veces, sin embargo, dirá que él
no pinta para vender, que vender no le interesa. Cuántas
veces atacará en diagonal a aquellos pintores cuyos
paisajes realistas tienen una salida al mercado de la cual
su obra carece. Cuántas veces esa crítica será
una crítica al materialismo; una reivindicación
de los valores espirituales de la existencia. Una especie
de discurso cristiano sobre la riqueza. "Trabajo para
poder pintar con libertad, trabajo para poder comer y vestirme.
¿Qué más?"
¿Qué piensa Maes del dinero? "El que desea
mucho el dinero, al final no tiene dinero: el dinero lo tiene
a él. Yo he ganado mucho dinero en mi vida y lo invertí
en obras de arte que puedo disfrutar. Juntar dinero no me
interesa, ni tampoco comprarme cosas. Prefiero tener obras
bellas para mirar." Así le habla a la periodista
Isabel García, de El Diario, en abril de 1980.
Desear es ser tenido, no desear es tener. El deseo ata, la
posesión libera. La posesión permite la contemplación,
el goce: el final estático de la acumulación
monetaria.
Pero no la posesión del dinero en sí, sino de
la riqueza transmutada en obras de arte. La alquimia de esta
verdadera "inversión" es sorprendente: parece
ser función propia del arte este mágico salto
sobre la economía, donde una cosa -un cuadro- puede
ser comprada y a pesar de ello no ser una cosa que se compra.
Parece que en Bariloche no hay vida cultural porque a sus
habitantes les falta la conciencia de esta magia. "Médicos,
arquitectos, abogados y en general todos los profesionales
tienen una gran misión en la vida de toda comunidad,
pero esa misión no puede circunscribirse a ganar plata,
tienen que contribuir a que la sociedad en la que viven avance
culturalmente. La vaca da mucha leche en Bariloche, pero hay
veces que hay que darle de comer, sino muere", le dice
al diario Río Negro en julio del '78.
Cuando le habla a "los profesionales", Maes parece
dirigirse a sus potenciales compradores. La "contribución
al avance cultural de la comunidad" falla allí
donde no se compra pintura, y eso "puede atentar contra
el porvenir de los que empiezan, porque no podrán trabajar
sin saber que sus obras se van vendiendo y ellos pueden financiarse
el tiempo para pintar. Muchos van a tener que irse de Bariloche
por esta razón"
Tensión interior maldita del artista que quiere y no
quiere que el sistema lo compre/venda. Que acepta y no acepta
el valor del arte como mercancía. Para los pintores
jóvenes, Maes quiere una comunidad donde el artista
viva de lo que produce, quiere que los pintores "profesionales".
La insensibilidad de los otros profesionales -los de las profesiones
liberales, como esos arquitectos entre los cuales él
alguna vez se contó- son las causa del éxodo,
de la decadencia. Ellos no deberían dedicarse solamente
a ganar de dinero, sino también a gastarlo, a "invertir"
ese ciclo de la mercancía que destina al hombre a lo
material. De esta forma permitirían que el artista,
que es el que provee el objeto mágico de la desalineación,
pueda realizar otra operación económica: financiar
tiempo. El tiempo es oro se sabe.
Fragmento
del libro El Pintor de la Suiza Argentina.(De Esteban Buch)
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