Paisajes
de Bariloche.
El contenido esencial del Museo Municipal de Arte
José
Luis Rogel es recurrente en los títulos. Sus "Paisajes
de Bariloche"
impregnan toda su trayectoria, y detonan en muchos significados
para el
atento observador.
Son naturalmente distintos a aquellos líricos, idealizados,
de Américo
Panozzi en las primeras décadas del siglo XX, con un Bariloche
de menos de
1000 habitantes.
Pueden tener algún grado de conexión con el estilo
de "Tony" Zandegiácomo
que, con una paleta sutil, dejó verdaderos documentos de
su época, unos años
después.
Otra fue la mirada en la década de 1940 en adelante.
Por ejemplo la de Armand Larochette sobre el ambiente andino,
con las
imágenes de su Francia natal todavía en su retina,
brindó un particular
colorido a su obra.
Más acá en el tiempo Godofredo Hacker con el vigor
de su paleta y su
solvencia en el uso de tintas, hizo del Cerro López la
fuente de una
sanguínea y muy original producción pictórica.
José Rotondaro, maestro de muchos que soñaban ser
pintores, en algún momento,
planteó una exploración del paisaje de la zona como
si fuera un
neoimpresionista.
Demetrio Filip y Reinaldo Antúnez con el seguro uso de
sus pinceles
capturaron aspectos diversos de los lagos, cerros y bosques.
El padre Enrique Miche
y Egon Rost
reconocieron siempre el enriquecimiento
que significaba salir a pintar con Panozzi y Hacker; asignándoles
un rol de
maestros y mostrando siempre su admiración por ellos.
Alfredo Dallavía, Emilia Roth, Elena Maiorano en distintos
momentos, son
también nombres que buscaron dar su impronta a imágenes
de la geografía
circundante.
También podríamos señalar a Don Luis Razza,
que acaba de festejar sus 104
años. Logró el rescate de lo íntimo mediante
el paisaje.
Jochen Lürhs, inquieto habitué de la primera cuadra
de la calle Mitre pintó
con un explosivo uso del color, con logros muy particulares en
sus acuarelas.
Don José Evaristo Repossini fue caracterizado por el jurado
como el dueño
de "una paleta suave" cuando recibió un premio
municipal en 1983.
Sin mucho esfuerzo se puede incluir a
Toon Maes, dentro de los paisajistas.
Con una visión de los expresionistas centroeuropeos resolvió
con estructuras
de color su percepción.
Pasado el tiempo, casi 20 años después de su muerte,
en la primer mirada se
percibe el "paisaje de Bariloche" en todas sus imágenes.
Más acá y ahora la pintura de Bariloche
se sigue sosteniendo en su particular
ambiente natural.
Es imposible evadirse del embrujo. Todo novel pintor quiere tomar
hacer suyo
algo de ese paisaje.
Emparentado por su pasión a todos los grandes pintores
nombrados; alumno,
discípulo y amigo de muchos de ellos, y dueño de
la sucesión de toda la
tradición acuñada, el pintor José
Luis Rogel define una nueva solución
pictórica de "Paisajes de Bariloche".
La exploración de volúmenes y tonalidades descompone
y recompone otra
relación con la geografía.
Sugiere, rehace, y con distintos cruces de color y formas desafía
la lógica
espacial y hasta desgarra su obra, si concluye que eso la hace
más expresiva.
"Por
donde pasó el fuego", ganador del 1º premio en
el Salón Provincial de
Río Negro de Pintura del año 2003, es un signo.
Hay muchos otros símbolos que decodificar en sus paisajes;
que ya no son
líricos ni de glorificación de la Naturaleza, y
mucho menos podrían
considerarse dentro de cierto romanticismo, siempre recurrente
en la historia
de la pintura.
Son interrogantes y afirmaciones que necesitan un interlocutor
atento.
¿Y cuál
debe ser el espacio asignado al paisaje de Bariloche en el Museo
Municipal de Arte?
El sentido común nos dice que debe ser primordial, ya que
es un contenido que
ha estado y está presente todo el tiempo, en nosotros.
Los paisajistas de Bariloche han sido, ya antes de 1950 celebridades
y son,
en la actualidad, buscados y revalorizados por coleccionistas.
Américo Panozzi, fallecido
en 1971 sigue vendiendo en Galerías de Arte de
Buenos Aires sus "Nieves de Bariloche" y encontrar un
Cerro López de
Godofredo Hacker es muy difícil. Su obra es muy valorada,
sobre todo por
europeos.
El nombre de Demetrio Filip es conocido por críticos y
galeristas, y se lo
relaciona a Bariloche sin mayor esfuerzo.
Todo el recorrido
del Museo Municipal de Arte debe sostenerse en una
secuencia de la riqueza y diversidad de las creaciones de sus
paisajistas.
Las manifestaciones del espíritu humano tan trasparentes
como capturar lo
fugitivo de un paisaje, por casualidad o por esa pasión
por trascender de sus
autores, han permitido que la Pinacoteca
Municipal contenga la obra de estos
pintores formidables.
Aquí y ahora contienen el valor universal, que exige el
discurso del Arte.
Ellos pintaron su aldea.
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