Fotografía, deseo...


Reproducir lo que tenemos delante o a nosotros mismos es una de las posibilidades más antiguas de la creación y es la mas lógica en el dialogo creativo con el mundo.
Desde el descubrimiento de la fotografía, ésta marco el final de los antiguos medios de expresión.
Pero, ¿qué produce este deseo de ver fotografías y que algunas nos agraden y otras no?
La invención de Roland Barthes de un “punctum” que afecta a un nervio, de un detalle que fascina al espectador es una manera muy especial de darle forma a esta pregunta que todos nos hacemos.....

La Fotografía, dice Barthes, reproduce al infinito que únicamente ha tenido lugar una sola vez: la fotografía repite mecánicamente lo que nunca mas podrá repetirse existencialmente.
La Fotografía es un canto alternado de Vea, Ve, Mira esto.
La percepción de una fotografía posee dos instancias: una que denominó el "studium" que es una visión de la información general de la imagen, una cierta observación macro, referencial; y una segunda instancia que denominó "punctum".
El "punctum" es algo que viene de la imagen a punzarnos como una flecha. Según Barthes este pinchazo que adviene a perturbar, a escandir el "studium", esta herida que emerge del azar, es la que punza nuestros sentidos y causa la mirada.
No todas las fotos poseen un "punctum", sólo aquellas que causan nuestra mirada son las que desencadenan la aparición del deseo.
El "punctum" es un detalle, un objeto parcial según algunos o el petit a según otros. Designar un "punctum" en una imagen es en cierto modo entregarse, es develar allí aquello que más allá de nosotros fija nuestra mirada.

Foto Gabriela.

El Operator es el fotógrafo; el Spectator somos nosotros los observadores y aquel o aquello fotografiado es el blanco, el Spectrum de la foto y esto le añade algo terrible que hay en toda fotografía: el retorno de lo muerto. ........
La fotografía en definitiva puede ser loca o cuerda: "cuerda si su realismo no deja de ser relativo, temperado por unos hábitos estéticos o empíricos; [...] loca si ese realismo es absoluto y, si así puede decirse, original, haciendo volver hasta la conciencia amorosa y asustada la carta misma del Tiempo: movimiento propiamente revulsivo, que trastoca el curso de la cosa y que yo llamaré [...] éxtasis fotográfico".
En este libro Barthes desarrolla el deseo y la animación, y nos lleva hacia lo imaginado e inconsciente de nuestro interior, su legado es una amorosa e inquietante forma de develar y ocultar nuestros enigmas a través de las imágenes.

Fuentes: La cámara lucida, Roland Barthes 1979.
Gabriela.