Un dia de sol. (José Luis Rogel)

En Octubre de 1983, inicié mi viaje a Europa.
España es lo más atractivo, quizás por la comodidad del idioma y su cultura con la que los latinoamericanos nos sentimos cercanos. Conocer museos y la figura de Fernando Zobel me decidieron a emprender aquella aventura. Artista, pintor, dibujante y creador del Museo de Arte Abstracto de Cuenca y amigo de todos los artistas contemporáneos me era muy interesante.

 

 


                   Sin Titulo. Fernado Zobel.

Con extraordinaria sencillez Fernando Zobel contestaba mis cartas y algo sorprendido de que sus aventuras artísticas llegaban a estos lugares del gran sur tan lejanos.
La situación en España no era recomendable para que yo viajase según su última carta.
Pero ya estaba todo decidido desde siempre.

La llegada a Madrid fue en absoluta soledad como corresponde a alguien que no conoce a nadie ni nadie espera. Sólo tenía algunas direcciones que nunca use, excepto una, la de otra personalidad que me interesaba mucho, Fidel Alsina, físico y matemático de la Fundación Bariloche que en esos días vivía en Barcelona. Fue un gran placer estar una semana con una persona de inteligencia y mente brillante e inquieta. Visitamos museos, hablábamos de arte y hacíamos linda cocina con vino Carta de Plata.
Mi idea de destino era Madrid y resultó ser cómoda, de mi agrado, compartir grandes experiencias con artistas de diferentes lugares del mundo. No tardé en llamar a Fernando Zobel y fue tan amable como siempre; su invitación a visitarle me dio mucha alegría. Una cálida tarde de sol me dirigí a la calle Espalter. Tenía tanta ansiedad como tantas otras veces que me encaminaba a visitar algún museo.
Allí me recibió una señora de rasgos filipinos y blanco delantal. También una blanca pared tapizada de pequeños grabados antiguos. La señora me pidió que pasara y enseguida allí estaba Fernando Zobel.
El que había visto en los libros, El amigo de todos los grandes pintores modernos Rafael Canogar, Eduardo Chillida, Martín Chirino, Modest Cuixart, Guillermo Delgado, Francisco Farreras, Luis Feito, José Guerrero, Joan H. Pigman, Antonio Lorenzo, César Manrique, Manuel Millares, Manuel Monpó, Lucio Muñoz, Jorge Oteiza, Pablo Palazuelo, Gerardo Rueda, Antonio Saura, Eusebio Sempere, Pablo Serrano, Antoni Tapies, Manuel Viola, Gustavo Turner, caminando a mi encuentro. Un hombre de cuerpo grande, alto, cálido y amable.
Don Rogel dijo tendiéndome la mano, le agradací su amabilidad por recibirme: ¨Tranquilo, Tranquilo¨, replicó y la verdad me tranquilizó porque estaba algo nervioso. Nos sentamos frente a frente con escritorio de por medio que según pude ver era donde dibujaba y escribía.
Dos grandes y gordas Mont Blanc me llevaban los ojos.
Mi interés por las lapiceras nos llevó a hablar de las Mont Blanc del calor de la tinta con la que me había escrito cartas de color rojo negro sangre toro. Era una tinta que había conseguido en Boston y solo un frasco hablábamos de pintura de que los catalanes solo compran pintura catalana y que con nuestros apellidos allí no tendríamos suerte con la venta.
Tendría que llamarme Zobelet dijo sonriendo.
Me invito a conocer su taller donde todo absolutamente todo era blanco. Los únicos contrastes de colores eran su inmensa caja de pasteles Rembrandt y algunos trabajos en papel que estaba realizando sobre grandes mesas.
Todo era luz en el taller y en mi alma. Dos grandes ventanas daban al Parque Jardín Botánico.
Su dormitorio era un pequeño espacio donde sólo estaba su cama y un crucifijo en la cabecera de buen gusto.
Aquí esto es solo para dormir. Me mostró algunos dibujos en block hechos artesanalmente con excelente papel que saco debajo de su escritorio. Por estos días estaban contando sus dibujos –ya van por los 16.000- dijo satisfecho. Voy a los conciertos allí me reservo un asiento en la primera fila me divierto dibujando. Mis ojos lo querían abarcar todo.
Cuando me acercaba con cierto interés a algo, me miraba y me preguntaba, ¿le gusta?, se lo regalo, esto se repitió varias veces. Finalmente lo que acepté de mucho agrado fue un libro suyo de la serie blanca que me lo autografió generosamente. Nos despedimos y con la pared blanca con grabados antiguos de testigo.
La comente lo importante que había sido para mí haberle conocido la calle estaba luminosa, el aire era tibio y calmo y caminé sin rumbo. Sabía que a la vuelta de la esquina me esperaba otra aventura artística.
Miré el libro que llevaba en mis manos, lo abrí en primera hoja serie blanca Fernando Zobel y con tinta roja negra sangre toro, afectuosamente al pintor argentino Rogel. Madrid 1983.
Lo cerré, lo apreté debajo del brazo y seguí sin rumbo, caminando.


"Tree" Fernando Zobel
"Sentimiento" Antoni Tapies

 

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