Un misionero fascinado por la nieve


El padre Enrique Miche llegó a la zona en el año 1924. San Carlos de Bariloche era una pequeña aldea de montaña que deslumbró al entonces estudiante, seminarista de Viedma que se hacía presente. Y esa fascinación se trasladó a sus pinceles, ya que el joven Enrique era un entusiasta aficionado a la pintura.
Diez años después ya convertido en sacerdote se decidió radicar en el “pueblo”; y de allí en adelante se ocupó denodadamente de llevar adelante su labor, de misionero salesiano, en la región de los lagos.
Instalado en Bariloche “se hizo tiempo” para pintar. Los colores del otoño y especialmente la nieve fueron sus temas permanentes. El paisaje fue un pretexto para trasladar a sus telas su fascinación por el manto blanco y los inviernos en el bosque.

Su ir y venir por años y décadas lo convirtió en un personaje muy popular. Amable y atento a las necesidades de los pobladores; en sus primeros años de misionero recorría la zona en un carro tirado por caballos o combinaba parte de su viaje en tren y el resto en su vehículo. Muchos años después un vecino le regaló una camioneta que se hizo célebre de tanto andar en caminos que eran todavía de tierra.


El “cura” íba de caserío en caserío con la misión principal de llenar actas de bautismo, que se convertían en el documento de validez legal. Acompañaba sus viajes con una pelota de fútbol y donde podía conformarse un grupo publicitaba las bondades de jugar en equipo y dentro del juego limpio.
En el campo la situación familiar era habitualmente irregular; con muchos convivientes que no se habían casado por la distancia con los juzgados o porque, simplemente, no le daban importancia o “no se les había ocurrido”.
Había casos en que los hijos por muchos años no eran “anotados”. En algunos casos debían documentarse 3 o 4 nacimientos. De manera que un sacerdote además de la bendición a las almas hacía de Registro Civil ambulante y cumplía el rol de vínculo con el Juez de Paz.
El padre Miche se preocupó por llevar adelante su misión cristiana y no “hacer de Juez” –como lo hacían otros misioneros- pero contribuyó a que el Juez de Paz que intervenía tuviera información más o menos coherente.
Inventó métodos para deducir el momento, o el mes en que habían nacido los chicos. Utilizando su buena relación con los vecinos le hacía preguntas orientadoras que tenían que ver con la vida cotidiana. “¿Está seguro que fue en la gran nevada del año pasado?”
“Entonces estamos hablando de mediados de Julio, no?”. Con este sistema de deducción le facilitaba el trámite de documentación a la familia… y al Juzgado.

Como artista plástico recibió numerosos premios en Salones locales y regionales. Su obra “Temporal de nieve en Bariloche” integra la Pinacoteca Municipal de Bariloche.
El Padre Miche siempre valoró que había aprendido a pintar la nieve “mas o menos bien” por su cercanía al maestro Américo Panozzi. Permanentemente expresaba su admiración por artistas del Impresionismo, a los que siempre confesó le hubiera gustado emular. Y reconoció sus limitaciones con los pinceles.

 

Padre Enrique Miche

Temporal de nieve.1950.Óleo 30X40cm




Juan Vargas