La
intención en este caso es presentarme.
No
utilizaré el formalismo habitual del breve, o extenso, pero
siempre impersonal de un currículum, muchas veces también
llamado “carta de presentación”.
Creo
que la historia personal del artista es ineludible puesto que toda
manifestación, en especial la creativa, es una muestra del
bagaje interno que nos forma y nos conforma desde nuestro nacimiento.
Entre
al mundo del arte con pocos años de vida, estudiando danzas
clásicas en Escobar, una localidad a 50 Km. de Capital Federal.
Esa
experiencia temprana me dejó una huella tatuada hasta estos
días.
Algunos
años después, comenzando la adolescencia, participé
intensamente en talleres de actuación. Me enamoré perdidamente
de las artes escénicas.
Hice teatro infantil, comedia y drama.
Fueron
casi siete años de pasión, en los que se evidenció
la actriz que llevo dentro; interviniendo en el elenco estable “Girona”,
un grupo independiente de teatro.
El
Arte siempre fue mi refugio y mi pasión.
En
la adolescencia, descubrí que la pintura sería clave
en mi vida.
Me
llevó a recorrer un camino del que, creo, nunca regresaré.
Me
marcó el destino de una vez y para siempre.
La
Naturaleza me enriqueció profundamente, cuando conocí
el maravilloso e inconmensurable sur Argentino.
En
Trevelin me relacioné con aborígenes tehuelches y mapuches.
Me
conmovieron sus rostros que parecían no tener edad.
Esas
sensaciones me inspiraron una serie…”Almas en pena”.
Fueron
la llave o el detonante de la decisión de venir a vivir a la
Patagonia.
Con
una gran pena en mi corazón, regresé a Buenos Aires…
En
el año 2000 comencé mis estudios formales en el Instituto
Nacional de Bellas Artes, lugar escondido en el Barrio de La Boca.
Concurrí
allí durante tres años a llevar adelante el trabajo
de aprendizaje cotidiano y obtuve, además, la conexión
artística y espiritual con muchas personas con sensibilidad.
Me
encontré; percibí en el camino.
Podría
decir que me inspiraron las imágenes movilizadoras de Kandisky,
Dalí, Picasso; en su particular caracterización de las
mujeres; Petorutti, Mc Entyre, Xul Solar y Joan Miró.
Y
también Juan Manuel Díaz Puertas, artista de Escobar.
En
el IUNA aprendí que la tarea esencial en el arte es llevar
a nuestros sentidos lo que nace del espíritu. Crear y experimentar
desde lo más profundo, en cada obra.
Que
su fin es despertar y conmover sentimientos y pasiones de todos los
hombres; poder tocar sus fibras más íntimas.
Como
dijo Hegel “el espíritu en su pensamiento y en la idea
tiene que alcanzar como esencial y elevado; el esplendor de lo noble,
eterno, verdadero para el goce del sentimiento y la intuición”.
Eso
se logra dejando volar la imaginación.
Entonces
cuando se da esa concurrencia, no solo logramos captar la riqueza
del contenido de una obra; sino que percibimos a flor de piel todas
esas sensaciones y brindamos un sentido a nuestra vida.
Luego
de estos tres años, regresé a la Patagonia, pero esta
vez para quedarme. Mi alma pertenece a este sur encantado.
Las
obras que presento son la muestra de la experimentación constante
con ciertos materiales y herramientas; y con el mundo sensible como
medio.
Lo dijo alguna vez Giorgio de Chirico “La obra debe nacer en
las profundidades del ser, con ausencia de lo real”.
Ah.
Mi nombre es Betina Marker. Nací el 24 de abril de 1977, bajo
el signo de Tauro, en Buenos Aires; Argentina.