Convertido
desde hace décadas en un barilochense más se lo puede
ver diariamente, en distintos horarios y circunstancias, yendo o viniendo
por la calle Bartolomé Mitre, la arteria principal de San Carlos
de Bariloche. Se toma su tiempo para detenerse unos minutos a conversar
con amigos o conocidos; el tema puede ser cualquiera de la vida cotidiana
de la Capital de los Lagos del Sur.
Los mas noctámbulos se van a encontrar con otro Casalla.
En algún “pub”, mezclado en un grupo musical de
jóvenes, tocando los timbales o el bongó un sonriente
y distendido señor de aspecto patriarcal “dibuja”
sones: ese es “Chingolo”. El mismo que siendo muy joven,
en algún lugar del porteño Barrio del Abasto, descubrió
los tamboriles y se quedó para siempre con ellos. Antes de
1950 fue uno de los fundadores de la banda de jazz del Bop Club Argentino.
Y toda su vida hurgó e improvisó ritmos de jazz o música
rioplatense, en grupos formales e informales.
Estudió dibujo y pintura en la Escuela Prilidiano Pueyrrredón.
Trabajó en el Diario La Razón y Editorial Columba.
Además de sus personajes de historieta tradicionales alguna
vez desarrolló relatos gráficos de la vida de Carlos
Gardel y de jockeys y entrenadores que eran celebridades para muchos
porteños; no solamente de los “burreros”.
En el año 1992 su historieta “Chaco” recibió
el Primer Premio Ilustración, de la Asociación de Editores
de Revistas.
¿Y
QUE FUE DE LA VIDA DEL CABO SAVINO?
Después de vivir 33 años sobre el papel el "Cabo
Savino" se le animó al celuloide. Filmó 3 episodios
con su temática épica habitual. Lo curioso fue que las
producciones se hicieron en Tucumán, y con actores y técnicos
de esa provincia. Tuvo mucho éxito en canales de TV del noroeste
argentino.
Una curiosidad ya que debería haberse hecho en la Pampa Húmeda
o en la Patagonia, ámbito natural en el que vivió y
luchó el “héroe”. Su autor aclara que problemas
burocráticos y de presupuesto no lo hicieron posible.